enero 20, 2012 | In: Tipos de lamparas

Luces para una casa, pero solo una luz de hogar

Una casa se disfruta si la consideramos y la disfrutamos, en el día a día, como un hogar, con todo su confort. Una parte muy importante de ese confort llega con el calor humano, con el de las personas que se deciden a construir ese hogar desde la proximidad emocional.

Pero otra parte del confort nos lo devuelve la forma con la que hemos decidido construir el espacio habitable, que puede ir desde la decoración interior, a su distribución, pero también entrar en sintonía con la fórmula que hayamos elegido para iluminar, para dar luz a nuestro hogar.

Ese confort deseable en asuntos de iluminación nos debe llevar también a no aplicar puntos de luz simplemente por sacar de la oscuridad cada uno de los rincones de la casa, sino a hacerlo en armonía, con coherencia, gusto y hasta con creatividad.

Porque no todas las funciones de la iluminación son iguales, no todas las fórmulas para iluminar son idénticas. Cada una nos pedirá puntos de luz, intensidades de iluminación, lámparas o correspondencias entre diferentes dispositivos en la idea de que la iluminación de un hogar, como el diseño interior, se concibe como un todo.

Así, un ABC de la iluminación nos describiría cuatro formas de iluminar para una vivienda familiar, cada una con su propia identidad. Hablamos de la iluminación de ambiente, de la de trabajo, de la dirigida y la simplemente decorativa. ¿Qué le parece si vamos por partes con cada una de ellas y las definimos, para que pueda hacerse una idea de las posibilidades que están a su alcance en su hogar.

Vamos con la primera, con la iluminación de ambiente. Se trata de la más evidente, la que llena de luz una habitación para un uso general. Esta iluminación deberá ser, en la medida de lo posible, discreta y eficaz, y, en tanto que de uso habitual, contar con bombillas de bajo consumo.

En la iluminación de ambiente, nos referimos, por ejemplo, a la luz de las lámparas del salón de estar, las que se mantienen encendidas cuando hay reuniones familiares, las que se encienden al entrar, cuando se contesta al teléfono fijo y no se accede a las habitaciones y las que brillan cuando comemos en familia.

Son las luces del techo, lámparas de araña en los modelos clásicos, plafones decorativos, luces grandes de colgar y aún modelos más atrevidos en correspondencia con nuestros gustos y especialmente con la misma decoración interior.

El segundo grupo de modelos de iluminación es el del ambiente de trabajo. Iluminaciones que podríamos considerar focalizadas, dirigidas y concentradas en el área en el que se desarrolla la tarea.

Se trata de puntos de luz apoyados con lámparas de pie o de sobremesa, que utilizan bombillas de bajo consumo y aún de lámparas led que ayudan a hacer economías en tanto que son de iluminaciones que suelen permanecer muchas horas encendidas y representar gastos representativos en la factura de la luz.

Luces de trabajo que deben garantizar una buena visión de la tarea que se desarrolla, ya sea la lectura como el desempeño de una aplicación manual en el que los detalles han de quedar nítidos, bien contrastados y visibles por y para la salud de nuestra vista.

La tercera fórmula de iluminación de nuestra relación es la dirigida, que no tiene porqué ser la de trabajo. Hablamos de la iluminación directa o indirecta de objetos, de esculturas, de cuadros, de techos y de estructuras que proporcionan una dimensión escenográfica con la focalización de la luz.

En este capítulo, podríamos incluir puntos de luz dirigida como los focos, en todas sus potencias y hasta en todos los tonos con los que se pueden combinar sus bombillas.

El último de los formatos de iluminación es el decorativo que no alude a los valores estéticos que procura el modelo anterior dirigido, sino que está relacionado con el diseño de los dispositivos.

Es cierto que el valor artístico juega aquí también un papel importante, pero lo es en la medida en que la luminaria, la lámpara, establece un diálogo estético con el entorno.

Y nos referimos tanto a apliques, a lámparas de pie que proyectan su luz hacia el techo o en las paredes como a antorchas de llamas aparentemente vibrantes, como a los sencillos puntos de luz de jardines y de bordes de piscinas que trazan caminos imaginarios simplemente a golpe de brillos en las noches de nuestro hogar.

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